domingo, 18 de septiembre de 2016

El espejismo de la ambición

La sociedad de hoy valora al hombre por su capacidad de hacer muchas cosas. Valora el éxito, el reconocimiento y, sobre todo, la habilidad para hacerse millonario con su incansable trabajo. Esta mentalidad se difunde por todo el mundo, también en los sectores más humildes de la sociedad que sufren el paro, la precariedad o las consecuencias de la crisis económica.

Muchos gurús de la economía y de la empresa prometen el éxito si sigues al pie de la letra sus programas. Tras una apariencia de amabilidad y cordialidad, esconden una enfermiza ambición para obtener más y más dinero, fama y prestigio. Algunos incluso utilizan un lenguaje seudo-religioso para dar un aire de nobleza a su trabajo, queriendo demostrar así que su motivación no es tanto el dinero como ayudar a los demás. Bien lejos de la realidad.

Detrás de estos discursos hay un elaborado proceso de marketing orientado a manipular las emociones. Utilizan tácticas de neuro-marketing para meterse en la mente de sus oyentes y convertirlos en adictos a sus ideas, empleando frases alentadoras como «tú puedes» o «lo que piensas se convierte en realidad». Estos gurús quieren convencerte de que tienes una capacidad casi divina. Si quieres, puedes, y si no lo consigues es porque quizás te falta fe.

Cuántas personas, hoy, viven sometidas a estos vendedores de sueños, creyendo en un ideal mientras se embarcan en una carrera angustiosa que poco a poco va minando sus fuerzas. Viven una bipolaridad entre la angustia de la vida real y un sueño inalcanzable. Esta división interna las puede llevar a ignorar su propia realidad y a caer en la indigencia. Hacen un esfuerzo heroico por sonreír y visten con dignidad, su discurso desprende elocuencia y éxito, pero quizás están viviendo en la miseria.  En algunos casos, pueden llegar a la fragmentación psicológica.

Cuando el culto al dinero marca las motivaciones de la persona, esta cae en una espiral progresiva de desear más y más, hasta perder toda referencia moral. La ambición es utilizada por algunas empresas de multinivel como estrategia para su fin último, que no es tanto el bien de las personas como el incremento de sus ganancias. Para enganchar a sus vendedores, les prometen grandes incentivos y alimentan su sueño de un paraíso económico donde nunca les faltará nada si siguen en la brecha. Tendrán todo lo que quieran y se sentirán como dioses. Con mensajes muy bien estudiados, son lanzados a un ritmo frenético y a un consumo incesante que va a alimentar las arcas de la compañía. El lenguaje moral, religioso y con tintes bíblicos sirve para alimentar el entusiasmo y la credulidad de quienes caen en una sólida red que crece a costa de un ejército de personas que creyeron en su propuesta.

Trabajan sin descanso persiguiendo la felicidad, pero han caído en el culto idolátrico de los bienes materiales. Ya no importa tanto quién eres, ni siquiera qué haces, sino lo que tienes y consigues, y la manera de adquirirlo poco importa. El fin justifica los medios.

Estas personas han olvidado que podemos vivir con menos y, en cambio, necesitamos pasar más tiempo junto a nuestros seres queridos. Más allá del trabajo, se puede vivir y ser feliz cuando ponemos el dinero en segundo plano. Se puede ser feliz sin renunciar a lo que uno es, a los talentos propios y a un deseo sano y equilibrado de prosperidad. Lo que realmente importa en la vida es vivir serenamente y sacar tiempo para darlo gratuitamente a los demás.