sábado, 7 de abril de 2018

El desafío de la libertad


La libertad nos impulsa


La libertad forma parte de la realidad intrínseca del ser humano. El hombre está concebido para expandirse, crecer, madurar y sacar afuera todas sus capacidades y talentos. La libertad le permite desarrollar su creatividad, de aquí que esta se convierta en la raíz más profunda que constituye su ser.

Es verdad que por miedo o por huida a menudo nos autolimitamos y renunciamos a nuestras enormes capacidades. Pero, ¿cómo hacer uso de este gran potencial que nos lanza al desarrollo humano, intelectual, social y creativo?

El uso de la auténtica libertad nos lleva a conseguir metas asombrosas, atreviéndonos a hacer realidad lo que para muchos es imposible. La libertad verdadera nos empuja a trascender las estructuras, las ideologías y las doctrinas, llevándonos a vivir en tierra de nadie, en la frontera, donde la soledad, el miedo y la incerteza no nos impiden avanzar. Cuanto más avanzamos, los retos son mayores, pero más crecemos.

¿Lanzarse al vacío o ahondar hasta lo más íntimo de nuestro castillo interior? Será lo que nos ayudará a saber quién somos y para qué estamos en este mundo.

Ser persona es ser libre


La libertad nos llevará a concentrarnos en lo que somos, y descubriremos lo que ni siquiera podíamos imaginar en nosotros mismos: un alma con una enorme capacidad de volar, sin temer a los vientos interiores. Esta es la gran hazaña del hombre: ser libre, en su totalidad, sin hipotecas educativas, culturales, familiares o sicológicas.

El despliegue como persona nos pedirá superar los temores más íntimos, causados por la presión social y los patrones emocionales. Seremos más libres cuanto más conscientes seamos. Un hombre que no es libre no es hombre, porque lo que le hace persona es la libertad. Todo lo que anhelamos en lo más profundo de nuestro ser forma parte de nosotros. De la misma manera que decimos que el cuerpo es 70 % agua, y que ésta forma parte de nuestra naturaleza, lo mismo diremos de la libertad: no es un accidente ni una opción, es algo esencial en nuestra naturaleza. Todos nacemos libres, aunque esto sea una cualidad que debamos desarrollar y acrecentar.

Liberarse de cadenas


Pero ¡cuánto cuesta ser libre! Conseguirlo tiene su precio y sus riesgos. El pasado pesa, pesan los errores, los miedos y las inseguridades, el qué dirán los demás. Los padres marcan mucho, y los amigos también. Pero hay una hipoteca mayor, que es uno mismo. Cuesta deshacerse de los propios lastres, de la imagen que queremos ofrecer a los demás; nos da pánico mostrarnos tal como somos. Vigilamos cuidadosamente de dar una buena imagen, y nos da vértigo afrontar el abismo más profundo de nuestra psicología. El inconsciente nos da pavor. Vivimos en una burbuja porque nos da miedo erosionarnos con la realidad y que esta nos haga descubrir quiénes somos.

¿Quién se atreve a salir de sus propias esclavitudes para cortar sus cadenas? ¿Quién se atreve a abrazar y asumir sus propios agujeros para llegar al fondo del abismo de su ser? ¿Quién se atreve a salir de sus murallas, de su cárcel interior? Preferimos una cárcel de oro antes que la inhóspita intemperie, donde sabemos que no hay nada seguro, hace frío o hace calor, sopla el viento, sentimos soledad e impotencia ante la inmensidad de lo que hay afuera. Cortar la soga de nuestras seguridades y lanzarnos a lo desconocido, tanto de adentro como de afuera, es una gran epopeya que nos ayudará a vivir plenamente, hasta descubrir las consecuencias últimas de la libertad. ¿Estamos dispuestos a desengancharnos de nosotros mismos para ser uno con los demás y generar nuevos vínculos, que nos espoleen a descubrir la propia identidad?

Para conseguir la perla de la libertad tenemos que dejar todas las comodidades y dejar de autoidolatrarnos. Hemos de conseguir que se armonicen la voluntad, los deseos, las emociones y la inteligencia: si somos capaces de hacerlo habremos iniciado un viaje hacia la total felicidad, que es algo más que un estado emocional, es una manera de vivir y de ser. Valdrá la pena dejar muchas cosas atrás.

Es maravilloso ser humano, sin miedo a las ráfagas del viento que sacude la inmensidad del cielo. Cuando uno se libera de sus cadenas alcanza la libertad total, el éxtasis de su plenitud.