lunes, 29 de junio de 2026

Es un ángel

Sus padres, sus hermanos, Fidela y Cristino, y sus sobrinos la cuidaron, la atendieron y la amaron con delicadeza toda su vida, hasta el final.

Blasita nació con una lesión cerebral que le impidió caminar y crecer con normalidad. Desde bebé pasó del carrito a la silla de ruedas. No ha podido hablar con nuestro lenguaje, pero sí ha podido expresarse, a su manera. Ha muerto a los 73 años, toda una vida envuelta en el misterio de una niña que nació así, con enormes limitaciones.

Pero lejos de ser una carga, cuidar de ella ha sido una gran experiencia, humana y de amor, para su familia. Sus padres la cuidaron durante toda su vida. Después, se ocupó de ella Fidela, con la que ha vivido hasta el final de sus días.

La recuerdo muchos domingos, cuando venían las dos a misa. Después de la celebración, me acercaba a su silla y la saludaba. Ella me miraba fijamente, sin hablar, aunque a veces balbucía algún sonido. Su hermana empujaba la silla y la miraba con dulzura. Sin prisa, tranquila, la trataba con un cariño enorme que dejaba entrever el vínculo profundo entre ambas. Siempre atenta, prudente, con las palabras justas, pasaba de puntillas como si no quisiera molestar.

Cuidar a una hermana impedida curte humana y espiritualmente. Fidela ha sabido navegar por la dependencia y las limitaciones, superando la barrera del lenguaje y proporcionando a Blasita un ambiente lleno de amor y seguridad. Una vida volcada en el otro es la máxima prueba de entrega, servicio y amor incondicional, y en esta escuela de riqueza humana y espiritual, Fidela lo ha dado todo.

«Es un ángel», solía decir de ella. Blasita respondía con la mirada, desde el silencio más genuino, dejándose amar. Esta era su forma de devolver el amor que recibía. ¡Cuántas palabras hubiera podido decir para mostrar su gratitud! Pero los sentimientos van más allá de las palabras, y la dificultad para expresarse no impide que estos fluyan.

Jamás se han oído en Fidela palabras como «mala suerte» o «una carga». Tanto ella como su familia aceptaron el misterio inexplicable, y esto es una muestra de su coherencia y unidad. Una familia donde se ama hasta darlo todo es un lugar de crecimiento y aprendizaje. Nadie es descartable, todos somos concebidos para amar y ser amados. Por el solo hecho de nacer poseemos una radical dignidad que nos capacita para la gran aventura del amor.

Aceptar al otro, como es, como está, como viene, con sus dependencias y sus límites: esto nos enseña a ser personas, a ser humanos y a tener una mirada solidaria hacia los demás, sobre todo los más vulnerables.

Cuando no todo se entiende, quedan el silencio y el amor. Ante un sacrificio por amor, solo cabe el silencio. Aquí se revela la grandeza del ser humano.

Hablo de Fidela porque es a quien conozco. Sus dos hermanos ya han fallecido, y hoy los recordamos con gratitud.

Ahora, Blasa y Cristino disfrutan de una paz infinita. Juntos, con otros ángeles, gozan del abrazo de Dios en la eternidad. Envueltos en su misericordia, con enorme ternura, ya forman parte de esa otra familia que hemos amado y que nos espera allí, donde están siempre en la presencia amorosa de Dios.

lunes, 1 de junio de 2026

La fuerza de una mirada

La capacidad comunicativa del hombre supuso un salto en su evolución. De los sonidos guturales y los gestos con pies y manos, gracias al desarrollo del cerebro y de un sofisticado aparato fonador se pasó a la expresión verbal. Poder articular palabras dio un giro a las relaciones interpersonales. El lenguaje articulado permitió generar un discurso coherente, no sólo sobre realidades inmediatas, sino también sobre ideas, recuerdos y emociones. Expresar una idea con la voz activa las conexiones cerebrales, aumentando la inteligencia y la capacidad humana. Con la voz se pueden expresar pensamientos elevados: así nace el homo filosófico. Se pueden explicar proyectos y transmitir enseñanzas. La habilidad manual para fabricar herramientas y el desplazamiento por el mundo también favorecieron una dieta más variada, una mayor ingesta de proteínas y el aumento de la capacidad intelectual y comunicativa.

Hablar es algo que nos diferencia cualitativamente de los animales. Es cierto que estos tienen sus propios lenguajes y formas de comunicarse, a veces muy complejos. Pero el salto respecto al ser humano es abismal. Con nuestro lenguaje no sólo podemos describir el mundo, sino ir más allá de él. Con el lenguaje podemos crear algo nuevo y alcanzar una dimensión sobrenatural. El lenguaje nos hace semejantes a Dios.

Las culturas humanas han visto un despliegue del lenguaje en todas sus formas: hablado, escrito, expresado en el arte y en la música. El lenguaje engendra la ciencia, la filosofía, la teología y las religiones. Y el saber humano se transmite mediante lenguajes de signos, muy especialmente la escritura.

Desde la Ilustración y su culto a la diosa razón, el lenguaje oral y escrito se ha valorado más que nunca. Nuestras modernas ciencias y tecnologías funcionan con formas de lenguaje. Pero quizás por este auge científico y racional, hemos dejado de valorar otras expresiones que tienen enorme importancia para la comunicación.

Ya hace décadas que los antropólogos estudian la llamada «comunicación no verbal». Los expertos aseguran que, en un diálogo entre personas, más del 80 % de la comunicación se da en forma no verbal, sólo el 20 % está formado por palabras. ¿Y el resto?

Observo la maravilla del lenguaje de signos de los sordomudos. Sin poder articular palabra, con movimientos de sus manos y gestos de su rostro pueden expresar un discurso completo. La forma en que unen los dedos, su expresión facial, todo transmite con tanta fuerza que me deja asombrado.  

El otro día vi un vídeo en YouTube. Un conocido influencer entrevistaba a un matrimonio: él, con parálisis cerebral desde la infancia, no puede articular palabra. Ella ha aprendido el lenguaje de los signos y no sólo dialoga con él, sino que le hace de traductora. Es admirable ver cómo ella lo entiende y pasa del lenguaje de los signos al lenguaje articulado. Lee perfectamente las manos y los gestos de su esposo y lo interpreta de tal manera que al pasar al lenguaje hablado, puede emitir pensamientos tan ricos y profundos como los que podamos formular en lenguaje verbal. Es toda una ciencia aprender estos lenguajes de gestos que permiten expresar lo que hay en el corazón humano. Y pensé, viéndolos, en el misterio y la maravilla de nuestro cerebro, esa masa gris que encierra millones de redes neuronales y nos permite superar las limitaciones físicas buscando la forma de comunicarnos.

Y esto me lleva a la teología: somos hijos de Dios, cada personas es un Himalaya del ser, capaz de amar y dejarse amar. Esta es la grandeza del ser humano: limitado pero con ansias que lo llevan a explorar más allá de sí mismo.

Hablaba hace poco con una persona cercana que hoy se están impartiendo muchos talleres para aprender a leer los gestos y las expresiones. Esto es particularmente útil en el caso de personas enfermas o que atraviesan una profunda depresión. Cuando el silencio o la dificultad para comunicarse se convierten en un muro, poder interpretar cada pequeño gesto, cada mirada, será clave para leer correctamente qué sucede en su interior. En el caso de personas mayores, encamadas u hospitalizadas, que no saben o no pueden expresarse, los terapeutas que tengan esta habilidad serán profesionales muy demandados.

La comunicación siempre ha sido un campo que me ha fascinado. Pero ¿qué me ha movido a escribir esta reflexión?

Ha sido a raíz de mi despedida con una persona muy querida de la comunidad. No hicieron falta grandes palabras. Su sonrisa, y su mirada bella y profunda bastaron para que su aprecio me llegara al corazón.

El culto al lenguaje verbal nos ha hecho olvidar que, en un momento dado, las palabras sobran y la gratitud no siempre necesita ser expresada con la voz. Una mirada puede decir mucho más que las palabras. Si decimos que una imagen vale más que mil palabras… yo digo que una mirada sincera desde el corazón vale más que muchas palabras e imágenes. Porque los ojos son el espejo del alma, esa parte de Dios que todos tenemos y que es lo más genuino del ser humano.

Cuando comunicamos más allá del aparato fonador, el lenguaje del alma lo llena todo: la comunicación se destila en una mirada llena de amor y atraviesa todo el ser.

Ahora, esta persona amiga está surcando los cielos hacia el «continente de la esperanza», como lo llamaba un amigo sacerdote.

Gracias por tan bella sonrisa. ¡Hasta siempre!