domingo, 12 de mayo de 2024

Borrando el futuro

 Cómo el alcoholismo juvenil está robando vidas y sueños



De buena mañana me gusta pasear con los primeros destellos del sol cuando amanece. Me alegra ver a personas que han madrugado para capturar la luz de ese hermoso diamante que despunta sobre el horizonte. Cada día nos ofrece una visión de belleza inigualable: la bola de fuego parece emerger desde las profundidades del mar hasta quedar suspendida en medio del cielo azul, resplandeciendo con toda su fuerza y dando vida y color a todo. Contemplar el sol naciente es un ritual diario que ensancha el corazón. Uno se siente diminuto y sobrecogido ante la grandeza de este parto de un nuevo día.

Pero la deliciosa experiencia matinal se vuelve agridulce cuando, al mismo tiempo que contemplo el sol naciente sobre el mar, observo numerosos grupos de personas que regresan de su ocio nocturno. Tras frivolizar durante toda la noche, vuelven gritando, balanceándose de un lado a otro, mareados y bebidos. Me produce una enorme tristeza verlos así: algunos caídos en el suelo, otros chillando, otros peleándose. Los veo desaliñados, con los ojos vidriosos y la ropa arrugada, desprendiendo un fuerte olor a alcohol, con la mirada absolutamente perdida.

Me dirijo a contemplar la belleza de la primera luz y me encuentro con la miseria humana de todos esos jóvenes que vuelven, no sé de dónde, tras explotar la noche y reventar sus vidas. Siento una profunda pena, porque veo que han llegado hasta el extremo de sus capacidades físicas y mentales para lograr una catarsis que los lleva al sinsentido, vaciándose por completo de su propia identidad. Dejan de ser ellos mismos, quedan rotos, sin aliento y casi sin vida, zombies que a duras penas pueden emprender el camino de regreso, ¿a dónde?, dando vueltas y deteniéndose porque apenas les quedan fuerzas.

Quedo impresionado cada fin de semana cuando contrasto la belleza del horizonte con lo que veo por las calles. Se me encoge el corazón y me pregunto: ¿por qué? ¿Qué les sucede a estos jóvenes que son capaces de ir mermando su vida y jugarse la salud de esta manera? Muchos de ellos sufrirán serios problemas, psicológicos y neurológicos, a edades tempranas. Otros experimentarán patologías diversas. Incapaces de sobrellevar su presente y de afrontar un futuro lleno de incertezas, se lanzan a una huida adelante. Golpeándose a sí mismos, están maltratando al anciano que tal vez llegarán a ser. Y van a convertir una etapa vital plena y creativa, como lo es la madurez, en un suplicio plagado de enfermedades.

A veces asociamos la vejez a enfermedad, y es verdad que con los años hay un deterioro progresivo de las células y los procesos del cuerpo. Esto hay que vivirlo con paz y serenidad, pero no necesariamente significa que debamos estar enfermos. Si cuando somos jóvenes no nos cuidamos, la enfermedad aparecerá mucho antes, y será pesada y difícil de sobrellevar. La ancianidad no es una patología, es una etapa de la vida. Se puede convertir en enfermedad cuando no hemos sabido cuidar nuestro cuerpo en su momento.

Estamos ante una terrible pandemia, que repercute en un innumerable grupo de jóvenes y adultos en todo el mundo: el alcoholismo.

Socialmente está adquiriendo una dimensión enorme y no sólo en jóvenes y en adultos, sino ya en niños y adolescentes que empiezan a frivolizar, creyéndose adultos y por miedo a ser rechazados en su grupo. El sentimiento de pertenencia es muy fuerte entre los jóvenes, no quieren quedarse al margen de las corrientes y tienen que atreverse con todo, aunque suponga un riesgo para su vida.

De aquí la urgencia de hacer un abordaje acertado hacia los adolescentes. Un tratamiento terapéutico y psicológico es un remedio, pero la prevención está en una buena formación en salud y hábitos. Y la solución no está solamente en los centros médicos ni en los profesionales sanitarios, sino en las familias, en la escuela y también en la administración.  

Sí, se puede hablar de una pandemia global: este ejército de sonámbulos caminando sin rumbo al amanecer debería hacer saltar todas las alarmas. Los educadores hemos de avisar: se trata de un suicidio lento a nivel planetario. Jóvenes y adultos convertidos en muertos vivientes, vagando en sus noches existenciales, chapoteando en la nada. Es una auténtica tragedia que diezmará y enfermará a una generación entera, sobrecargando el sistema sanitario y dejando secuelas enormes en sus vidas. ¿Qué futuro espera a un joven adicto? Dolor, soledad, rechazo social, incapacidad para trabajar y decidir. Y lo más profundo: un vacío de identidad. El alma le ha sido arrebatada y se convierte en uno más dentro de un rebaño manipulado, sin valores, sin referencias, sin otra ética que seguir sus impulsos ciegos. Estos jóvenes están a merced de sus adicciones y de quienes las promueven. En nombre de una seudo libertad, del culto al yo y a su propia dignidad, caen en una espantosa esclavitud.

Todo esto voy pensando mientras regreso de mi paseo matinal, donde se mezclan la belleza luminosa del sol naciente con la sordidez de los noctámbulos que regresan. Veo en estos chicos la oscuridad que anida en su corazón y una profunda soledad, disfrazada bajo los gritos.

Llego a casa, el sol ya está alto y la ciudad está bañada de luz. Rezo por ellos y pido que algún día estos rayos de sol también iluminen sus almas y descubran el sentido de su existencia. Cuando uno es capaz de mirar más allá de sí mismo brota la esperanza. Después de una noche oscura siempre hay un amanecer, y el sol llega a todos.

Ojalá esta marea de jóvenes pueda abrirse a la calma sosegada del mar, que yace plácido bajo la inmensidad del cielo, espejo de la luz solar que centellea en sus aguas.

sábado, 13 de abril de 2024

Saber escucharse


Estamos en un mundo donde la prisa, lo inmediato, está marcando nuestra trayectoria vital. Vivimos lanzados al frenesí constante. La dictadura del hacer nos carga de compromisos más allá de lo necesario. La exigencia externa nos lleva por un camino de actividad incesante, lanzándonos hacia el «superhombre». Si no estamos ahí presentes, haciendo muchas cosas o activos en redes sociales, es como si no fuéramos nada.

La constante exposición supone a la larga un gran cansancio. Estar siempre a modo de hiperactividad, haciendo cada vez más y más, nos arrastra y nos hace creer que estamos creciendo, cuando en realidad nos estamos agotando y perdemos capacidad y reflejos para el autoanálisis.

Cuando llegamos a esta situación, poco a poco vamos desconectando de nuestra propia identidad, hasta quedar a merced de los impulsos de nuestra vanidad. Estar siempre pendiente de lo que ocurre ahí afuera genera un profundo estrés. La velocidad mental nos aparta del propio cuerpo, desoyendo los avisos que, primero como un susurro, van apareciendo. Llegamos a una disociación total entre cuerpo y mente.

Estar en el cuerpo

Estar en el propio cuerpo es nuestra forma natural de ser. El cuerpo, con su fisiología y sus necesidades básicas de alimento y descanso, nos alerta a veces suavemente, pero otras con urgencia, de que algo está pasando. Pero el poco hábito que tenemos de escucharnos y sentirnos nos impide calibrar y entender el lenguaje del cuerpo. Cuando sufrimos por algún problema de salud, aunque sea leve, nos está indicando que hemos de estar atentos para que esa sensación inicial de malestar o dolor no se convierta en un profundo trauma que puede cambiarnos totalmente la vida.

El cuerpo sabe lo que necesita y sabe hacer sus demandas, pero el divorcio entre mente y cuerpo a veces hace imposible la comunicación interna entre ambos. El cuerpo grita; la mente no escucha. Finalmente, esto desemboca en alguna patología.

Por eso es necesario ir más despacio, para poder detenernos y familiarizarnos con la propia esencia. La prisa nos aleja de nosotros mismos, pero ahí está el cuerpo, con rotundo realismo, para alertarnos de que estamos perdiendo la brújula que nos orienta hacia la plenitud de nuestro ser.

La sociedad siempre nos empuja a la hiperactividad. No dejemos que interfiera en aquello que es genuino y propio de nuestro ser humano. Vivir armónicamente, teniendo en cuenta esta tríada: descanso, alimento y movimiento, nos ayuda a centrarnos en el eje de nuestra vida y a no salirnos de la trayectoria que tenemos inscrita en nuestro ADN. Que no es otra cosa que conocernos a nosotros mismos para proyectarnos hacia los demás y descubrir nuestra auténtica naturaleza y la vocación a la que estamos llamados. En el fondo, escucharse y sentir el cuerpo es conectar con nuestra indigencia, reconociendo que necesitamos cuidarnos y que nos cuiden: ¡es parte de nuestra realidad humana!

Armonía vital

No somos dioses, estamos condicionados por nuestra biología, nuestras limitaciones psíquicas y por un corazón que hay que cuidar emocionalmente. Cuando, más allá de armonizar cuerpo y mente, subimos otro peldaño, que es el alma, llegaremos a definir nuestros anhelos más profundos. Mirar la vida y el mundo desde un alma sosegada, sabiendo que hay una realidad que sostiene nuestro ser, es ver desde la trascendencia. Entonces todo se coloca en su sitio.

Vivimos sujetos a un cuerpo, pero con el deseo de que el espíritu, ese soplo de Dios dentro de nosotros, nos impulse a iniciar un viaje de conocimiento hasta la infinitud que desea el alma. Aquí será cuando cuerpo, mente y alma se fundan para vibrar en una eterna armonía. Estaremos llegando a nuestra madurez humana y espiritual. Esta es la clave de la felicidad.

domingo, 3 de marzo de 2024

Aceptación y autenticidad

A veces las personas vivimos situaciones de fragmentación interna. Para tapar nuestros propios límites ante los demás nos obligamos a ser extrovertidos, simpáticos y hasta exquisitos. Damos una imagen que no siempre responde a la realidad o a la totalidad de nuestro ser. Ciertas actitudes ambiguas reflejan un divorcio entre cómo me percibo a mí mismo y cómo me perciben los demás.

En aquello en lo que somos buenos, solemos ser expansivos para demostrar lo mucho que sabemos. Hay personas a quienes les gusta dar lecciones para señalar lo valiosos que son sus conocimientos. Pero esto es un mecanismo de defensa: tienen que demostrar que son maduras y competentes, incluso superiores a los demás, cuando en realidad están tapando algo que no quieren que se visibilice.

El desdoblamiento

Hay casos en los que se vive un auténtico desdoblamiento de la personalidad. Esto sucede cuando se abre un abismo entre las relaciones familiares y las relaciones sociales. Hay una enorme separación entre aquello que se muestra en el núcleo familiar más cercano: cónyuge, hijos, y otros ámbitos en los que la persona se mueve.

Ante los demás se muestran atentos, amables, comunicativos, espléndidos y generosos. Sin embargo, con la persona que vive a su lado, son todo lo contrario. Exigentes y broncones, fluctúan entre el aislamiento, porque no soportan la compañía, y el enfado, porque nadie es lo bastante perfecto. Afuera están creando un paraíso artificial, con mucha impostación y forzada amabilidad. Por dentro, en la convivencia del hogar, estalla un auténtico infierno. Son actores que saben moverse en diferentes registros. Pero, a la larga, su realidad va quedando al descubierto, porque los demás captan esta ambivalencia y su verdadera personalidad va aflorando.

Este desdoblamiento revela algo muy hondo en su psicología y motivaciones. Tal vez una incapacidad para aceptarse a sí mismos, o la incapacidad para amar. Alcanzar una convivencia armónica requiere de mucha paciencia, sacrificio y entrega para llegar a la sintonía profunda. Esto es lo que hace crecer y madurar a la persona.

Ser tú mismo

De una convivencia plena puedes salir al mundo sin fingir. Si sales de tu casa lleno, contento, pletórico, no tienes que pretender ser lo que no eres. Puedes ser tú mismo, eso sí, atento a los demás y adaptándote a cada situación con prudencia y la distancia adecuada. Desde esta postura es como se aprende a estar en cada momento y en cada lugar. Podrás conectar con cualquier persona e ir generando una buena relación que os enriquezca a ambas partes.

Todos podemos aprender mucho de los demás, incluso de aquellos a quienes hemos puesto un cliché. Aprendamos a escuchar con calma, sólo así el otro aceptará con gusto lo que le podamos enseñar y sacaremos lo mejor de ambos. Dejaremos a un lado la insolencia y la arrogancia y estableceremos una comunicación auténtica y real con los demás.

Aceptándonos como somos y buscando mejorar, por amor y espíritu de servicio, podremos cultivar buenas relaciones, dentro y fuera de casa. La alegría no será impostada, sino real. Ya no habrá sarcasmo ni ironía, sino buen humor y cordialidad. Cuando se utilizan las bromas fáciles para empequeñecer al que está a tu lado, estás poniendo una barrera.

Aprendamos a amar y a ser agradecidos con todos. Perdamos el miedo y nos mostraremos tal como somos, sin dobleces. Cuanto más maduros seamos humanamente, mayor madurez espiritual vamos a adquirir. Todos necesitamos sentirnos valorados, desde el barrendero que limpia las aceras de nuestra calle hasta un famoso médico que salva vidas. Nadie es menos importante. Por el solo hecho de existir, todos poseemos dignidad.

domingo, 4 de febrero de 2024

Dos hermanas tenaces

Son dos hermanas, de origen dominicano, que un día decidieron emigrar a España buscando mejores oportunidades para trabajar y ayudar a su familia. Oriundas de Hato Mayor del Rey, un pueblo de tierra fértil, rico en cítricos, cruzaron el océano para abrirse camino en Europa. Su historia está llena de sacrificio y coraje, como la de tantas personas que muestran un constante empeño de superación y mejora personal. Son dos hermanas fuertes, luchadoras, que nunca han desfallecido en el intento por conseguir sus metas.

Aterrizar en un país tan lejano y diferente, y en una ciudad como Barcelona, ha supuesto para ellas un esfuerzo permanente por lograr la estabilidad económica y la integración social. Con muchas horas de desvelo, en medio de grandes inquietudes y no pocos momentos de duda, preguntándose si lo que hacían era lo correcto, no han vacilado nunca a la hora de trabajar por sus sueños. Tenían su propósito muy claro y jamás se han rendido.

Tras años duros de perseguir un sueño que tardaba en cumplirse, el milagro ha ocurrido. Su ahínco y su responsabilidad en el trabajo han dado sus frutos.

Maribel y Janet son dos mujeres alegres, serviciales y con profundos valores religiosos. Entregadas, generosas y con una fe férrea, su amabilidad les ha permitido generar redes de contactos y relacionarse con muchas personas; de ahí les ha surgido la oportunidad. Son abiertas y honestas, con principios muy sólidos y dones que las capacitan para crear vínculos a su alrededor. Desde el comienzo, tuvieron muy claro que no querían quedarse bloqueadas por el miedo ni los obstáculos. Después de una trayectoria con muchas dificultades, han llegado victoriosas a la meta, como auténticas atletas, pisando las «bandas» del suelo y saboreando el triunfo.  

Maribel y Janet son dos campeonas que han salido a correr el maratón de su vida y han logrado el éxito a base de perseverancia y tenacidad. Son un ejemplo, pero en este combate su fe en Dios las ha sostenido siempre. Él las ha acompañado, de él han sacado las fuerzas de flaqueza. Tener a Dios como aliado les ha permitido triunfar.

Hoy, Maribel y Janet gestionan la cafetería de un centro cívico del distrito de San Martín en Barcelona. Siempre se han llevado bien, se quieren mucho y ahora son socias en la empresa. Su reto es conseguir que la cafetería funcione y tenga muchos clientes satisfechos, que disfruten de su acogida y de su buena comida. Ellas lo tienen muy claro, y lo poseen todo para prosperar y mejorar como personas y como cristianas.

Me pidieron que fuera a bendecir el local y fue una bonita experiencia. Deseo que esta bendición sea para ellas un empuje espiritual que las ayude a desplegar todo su potencial. Estoy seguro de que Dios las acompañará en esta nueva travesía y espero que logren convertir ese lugar en un cielo donde los que vayan encuentren dulzura, amabilidad, seriedad profesional y, sobre todo, servicio y amor.

Doy gracias a Dios por haberlas conocido y porque forman parte de mi comunidad. Continúa la historia de estas dos hermanas tenaces en busca de su plenitud.

domingo, 28 de enero de 2024

Mi yo convertido en publicidad

A lo largo de mi vida he conocido a personas que han ido perdiendo su identidad en favor de una marca publicitaria empresarial, o en una marca de sí mismos. Hoy, por Internet, se puede acceder a infinidad de masterclass donde se exponen los pasos para crear tu marca personal. También hay empresas (suelen ser negocios de marketing de redes o multinivel), que constantemente adoctrinan a sus asociados, a través de un profundo marketing, para abducirlos hasta asimilar su personalidad con la de la empresa. Estas personas se identifican totalmente con la marca corporativa, disolviéndose su yo en la publicidad. Las compañías utilizan técnicas muy bien elaboradas, con recursos psicológicos y emocionales y mantras de auto empoderamiento, insistiendo en elevar la autoestima de sus afiliados, de modo que les hacen sentirse auténticos campeones de la causa. Repiten una y mil veces el discurso sobre las bondades de la empresa, así como de sus productos. Y los afiliados, noche y día, estén con quien estén, hablan de la maravillosa empresa de la que forman parte. He podido comprobarlo de primera mano: estas personas acaban desapareciendo, convirtiéndose en la imagen publicitaria de la empresa.  Su identidad queda fagocitada, pero están convencidas de que esto es lo mejor para ellas: no hay empresa mejor ni producto mejor. El límite entre ellas y el negocio queda diluido: son una misma realidad.

La verdad, oyéndolas, me quedo preocupado. Cuando recibo mensajes de estas personas, estoy recibiendo publicidad e información de su negocio; pocas veces he recibido una comunicación personal. Ni siquiera te preguntan cómo estás, directamente te lanzan el mensaje corporativo.

Cuando cuestionas su trabajo se inquietan y se ponen muy nerviosas. Están tan enajenadas que hasta se violentan. No saben separar ni reconciliar trabajo, hogar, amistades u otros ámbitos: todo pasa por su empresa. Pero es bueno, para la salud de una persona, separar los ámbitos y equilibrar.

La esclavitud en nombre de la libertad

¿Por qué estas personas no te hablan de sí mismas? ¿Por qué no te hablan de su situación, de cómo se sienten? Quizás sus vidas no sean tan maravillosas y son incapaces de ver que en el mundo hay otras opciones, tan valiosas como la suya. Quedan bloqueadas y no logran avanzar. Se exigen a sí mismas más de lo que pueden dar y se cierran a otras posibilidades y oportunidades.

Estas empresas hablan de libertad financiera. Es el gran argumento para atrapar. Así, reclutan un ejército de gente que trabaja para ellas, motivados, sí, pero la mayoría nunca alcanzan sus metas. ¿Cómo tapar la frustración? A base de eventos, adoctrinamiento y mensajes reiterativos. Las personas atrapadas no tienen tiempo de reflexionar y de ver su cruda realidad. Trabajan muchas horas y obtienen poco dinero. Les han prometido la libertad económica y muy pocos la consiguen. Necesitan tejer nuevas redes de contactos para multiplicar sus ventas, pero no siempre es fácil, porque dependen de muchos factores. La mayoría permanecen en un nivel bajo o intermedio, que apenas les permite sobrevivir.

En las empresas multinivel esto es muy frecuente. Hay enormes diferencias entre los de arriba y los de abajo. Para los que están en la base de la pirámide, el trabajo puede ser doble, con resultados ínfimos.

Encontrar el camino propio

Creo que cada cual ha de conocer sus talentos y capacidades, su formación y, sobre todo, su vocación. Y una vez lo sepa, empoderarse en aquello que sea más acorde con lo que le gusta y con lo que es. Puede ser una profesión, o un emprendimiento que tenga que ver con su personalidad. O puede complementar dos trabajos diferentes: lo que le gusta y lo que le permite subsistir. Sea cual sea, ha de potenciar su identidad y su plenitud humana.

Si el trabajo es importante, no menos lo son la familia y los amigos. Reconciliar estos ámbitos es fundamental para vivir una vida plena. Creo que no hemos de hablar tanto de “libertad financiera” sino de libertad personal. Porque cuando se habla de “finanzas” puede haber un sesgo e incluso una tendencia filosófica que sitúa el valor de la prosperidad por encima de todos. Es verdad que todos tenemos el derecho a prosperar, pero siempre en aquellos ámbitos que se identifiquen con nuestro carácter. Hemos de hacer una sana reflexión sobre nosotros mismos y descubrir exactamente cuál es el propósito de nuestra vida. Esta es la base del crecimiento humano, en lo espiritual y en lo económico.

Sólo así sabremos que lo que estamos haciendo es lo correcto, porque viviremos una vida en armonía con nosotros mismos.

domingo, 17 de diciembre de 2023

Un alma pura

Se llamaba Pura y falleció recientemente con 94 años. Formaba parte de la comunidad parroquial de San Félix. La conocí en el verano de 2010, era una feligresa muy asidua, mujer piadosa y de profunda fe. Su compromiso con la parroquia ha durado más de 60 años, en los que ha participado fielmente y con intensidad tanto en las misas dominicales como en los momentos fuertes del año litúrgico.

Venía a diario a misa y al rosario. También formaba parte del grupo de adoración nocturna. Para ella la parroquia era una extensión de su casa: conectaba ambas realidades con total naturalidad.

En su hogar, Pura se volcó a su familia y al cuidado de sus hijos. Los educó en sus valores cristianos y creó un ambiente afable y de bondad a su alrededor.

Tras morir su marido, pasó 32 años viuda. La experiencia de la pérdida no apagó su fe ni le impidió mantenerse fiel a sus quehaceres domésticos y a su compromiso parroquial.

Su presencia era muy discreta y su trato prudente y exquisito. Percibí en ella un alma muy pura y sencilla, pero firme como una roca. De pocas palabras, su comunicación era cálida y sincera, y a menudo iba más allá de lo verbal. Recuerdo que se movía con suavidad y sigilo, como si no quisiera molestar. Toda ella desprendía sensibilidad, como una flor perfumada. Su manera de ser atraía porque siempre trataba a los demás con extrema delicadeza. Esta actitud definía su personalidad: cuando no estaba, se la echaba de menos. Sobre todo, en los últimos años, cuando ya estaba muy enferma.

No es habitual encontrar personas con tanta finura en el trato, tan delicadas y a la vez tan fuertes. Desde su silencio, Pura trabajó con empeño por hacer crecer su hogar y su parroquia. Supo levantar con amor una familia: la suya es otra de tantas microhistorias que hacen posible un proyecto familiar y un apostolado parroquial. ¡Cuántos laicos buenos están contribuyendo a la misión de la Iglesia en su compromiso evangelizador!

Pura forma parte de este rosario de personas cristianas que han contribuido a forjar la comunidad. Como otros feligreses difuntos, se unirá a este grupo de benefactores que, desde el cielo, siguen velando por nosotros, para que la parroquia siga fiel a su misión.

Gracias, Pura, por tu ejemplo y testimonio cristiano. Gracias por ser una estrella que se suma a esta constelación de feligreses que ya viven para siempre en los brazos de Dios. No dejes de interceder, cuidar y proteger a tu querida comunidad.

domingo, 3 de diciembre de 2023

El hombre araña

No me refiero a Spiderman, ni a otro héroe del mundo del cine o del cómic. Me refiero a cierto tipo de personas con un perfil psicológico que me recuerda a este inteligente animal que teje finas redes. Son aquellos que, en sus relaciones con los demás, van tejiendo una red que va envolviendo a su presa, sin que se dé cuenta, para cazarla y fagocitarla después.

Son personas de apariencia muy amable y exquisita, que parecen estar muy pendientes del otro. Incluso a veces se exceden en su amabilidad. También parecen muy generosas, al menos al principio. Todo esto responde a una sutil estrategia para sacar algo de los demás, a veces con intenciones oscuras. Son expertas en manipulación y seducción, y su táctica pasa por diferentes etapas.

En la fase inicial, son generosas y crean un ambiente cálido y atento a su alrededor, para que el otro se encuentre a gusto y baje la guardia. Así lo van debilitando, con su cortesía y atenciones, hasta ganar su confianza. De entrada, nadie duda de las buenas intenciones de esta persona tan amable, a quien es fácil abrir el corazón.

Poco a poco, la relación con estas personas puede llegar a generar una dependencia. Aquí entramos en la fase intermedia. Uno queda tan envuelto en la red invisible, que cree ser alguien importante en la vida de la «araña». Incluso se generan expectativas prometedoras. Ya está atrapado en sus garras.

Pero no podrá clavarle el aguijón hasta que el otro esté totalmente envuelto en la red, de manera que no tenga posibilidad de escapar y quede paralizado entre sus hilos. La persona atrapada está inmovilizada y ya no puede defenderse.

Evidentemente, la gravedad del caso dependerá del grado de perversión o de las intenciones: puede ser un chantaje emocional o económico, el pago de una deuda, una dependencia familiar o incluso obtener favores sexuales. La víctima ya está cautiva y a merced de su predador, que ha conseguido lo que quería.

Así, lo que comenzó como una relación de aparente generosidad, acaba siendo una esclavitud, donde la persona sometida se convierte en un bien de consumo para el depredador. De manera suave, sin ruido, ha puesto en marcha una táctica de seducción envolvente que puede llegar a arrebatar al otro su identidad. El aparente buenismo tiene una clara intención: ir anestesiando a la víctima para evitar que su inteligencia se active y reaccione.

¡Cuántas situaciones enmarañadas vemos a nuestro alrededor! Quitan la alegría, la serenidad y la lucidez en las relaciones humanas. Conozco a personas que están o han estado en esta situación, y realmente el proceso de liberación es muy doloroso y angustioso. La inoculación del veneno quita margen de reacción a la víctima, porque ha ido adormeciendo incluso sus instintos naturales de supervivencia y se hace muy difícil salir de las zarpas opresoras. Para escapar, es necesario que intervenga una tercera persona: un amigo, un familiar, un terapeuta, un consejero que ayude y apoye a la víctima. De estos abismos no se sale fácilmente, porque, entre otras cosas, se ha logrado desarrollar el síndrome de Estocolmo. Esto sucede mucho entre parejas, tanto heterosexuales como del mismo sexo. La víctima ha quedado tan absorbida que ha dejado de ser ella misma.

Pero de todo se sale, aunque el camino sea largo y costoso. Se puede volver a activar la inteligencia y el instinto de vivir para salir de la trampa y resetear la mente. Ser consciente de la situación es el primer paso para, poco a poco, hilo a hilo, ir desatándose del otro.

Alerta cuando alguien se muestre excesivamente amable, o cuando quiera dártelo «todo» sin conocerte apenas. Desconfía, porque puede haber intereses escondidos. Cuando alguien de verdad quiere ayudarte debes tener una cosa muy clara: lo primero que querrá esa persona será tu libertad y tu bien real. Si te sientes cada vez más enganchado, está claro que hay un plan para reducir tu libertad y someterte para sacar algún provecho de ti.

Cuidado: las apariencias son amables; las intenciones son malvadas. Hay que estar muy despiertos.