domingo, 29 de octubre de 2023
Un canto a la sencillez
domingo, 8 de octubre de 2023
La incomunicación, un muro a derribar
domingo, 17 de septiembre de 2023
Jugando bajo los naranjos
Pero yo descubrí entre ambos una complicidad intensa, más
allá de las palabras. Conectaban tanto
que no importaba lo que pudieran pensar los demás. Los ojos del niño brillaban,
parecía una gacela saltando con agilidad; el abuelo lo imitaba, y para mí era
un deleite ver a ese niño grande, disfrutando de la experiencia lúdica.
Pensé entonces que entre nietos y abuelos a veces se produce
una sintonía muy especial, una relación bonita y diferente de la que se da con
los padres. Aquella escena me pareció
conmovedora: la diferencia de edad entre ellos quizás era de unos 75 años. Sólo
se puede llegar a este grado de conexión si el anciano se vuelve como otro
niño, y lo hace porque los vínculos son necesarios y la dimensión lúdica es
fundamental en la relación con los niños. Para crecer necesitan un espacio de
ternura y amor, y también de juego, que pondrá las bases de una buena educación
para alcanzar su madurez emocional y psicológica.
El esfuerzo del abuelo por adaptarse al niño y correr con
él, con sus gestos, con sus movimientos, y con una alegría desbordante, es la
mejor enseñanza. Ese niño, cuando sea adulto, sabrá dedicar tiempo a sus hijos
y a sus nietos, aprenderá a jugar con ellos echando mano de su creatividad y su
cariño.
Me detuve a mirarlos, profundamente emocionado, y me di
cuenta de que los niños necesitan sentirse queridos, necesitan sentir afecto.
No sólo que se les diga «te quiero», sino que se les manifieste en gestos
reales: jugar y pasar tiempo con ellos les demuestra que realmente ocupan un
lugar en el corazón de sus padres y abuelos. Es cierto que esto requiere una
gran dosis de paciencia, tiempo y un caudal de ternura enorme.
El substrato de valores que inculquen los padres a los hijos
es decisivo para el futuro adulto. La educación debe encontrar el equilibrio
entre exigencia y dulzura para estimular los talentos y mejorar la conducta.
Una exigencia rigurosa, que acaba en beligerancia, puede generar rupturas y
lejanía Educar con firmeza no significa ser duro. Pero también es verdad que la
ternura no debe caer en la blandenguería y el sentimentalismo fofo. Esto podría
convertir al niño en una persona frágil, incapaz de proyectarse y afrontar los
desafíos de la vida. Es un desafío para los padres.
Educar jugando
La educación debe sumar lo lúdico, lo ético y lo
intelectual: estudio, juego y moral. Viendo a aquel anciano jugando con su
nieto me di cuenta de que él seguía teniendo corazón de niño. ¡Qué importante
es no perder la frescura, la mirada limpia, abierta a la belleza, a la
sorpresa, al aprendizaje! Nunca deberíamos perder la capacidad lúdica.
Recordar nuestra infancia nos ayudará a conectar con ese
niño que vive todavía dentro de nosotros, y que la sociedad, a veces muy
farisaica, entierra bajo el peso de una
cultura contradictoria en sus valores.
Cuando uno va envejeciendo se pierde la elasticidad de la
piel, también del alma. Para muchos, las experiencias sufridas los han marcado
tanto que ni siquiera se acuerdan de sonreír, viven siempre de mal humor o se
quedan con la parte amarga y negativa de su vida. Otros se aferran a una
moralidad rígida que ha anestesiado al niño que balbucea en su corazón.
Lo que vi en esa tarde de septiembre me hizo pensar que
reconciliarse con el niño interior es una forma de recuperar la libertad que
nos hace enamorarnos del mundo y de la vida. El qué dirán y lo «políticamente
correcto» son formas de autolimitarnos y cortarnos las alas. Una sociedad tan
pendiente de caer bien y de la aprobación ajena puede llegar a esterilizar el
potencial creativo de muchos genios. Todos
deben encajar en ciertos esquemas y los que no, son rechazados.
Esa tarde, viendo jugar al abuelo y al niño como dos
cachorritos, me di cuenta de que aquel momento para ellos lo era todo. Los
seres humanos alcanzamos nuestra máxima expresión como homo ludicus. Ojalá
no olvidemos nunca que fuimos niños y que nuestros abuelos nos cogieron de la
mano y nos ayudaron a subir las montañas de nuestra existencia. Ellos son parte
de lo que ahora somos.
domingo, 3 de septiembre de 2023
Viaje ¿hacia dónde?
El drama del Alzheimer
He tenido la ocasión de conocer muy de cerca a personas que
sufren esta enfermedad. La verdad es que me quedo sobrecogido y profundamente
impactado. Es una patología neurológica que hace reflexionar mucho, porque ves
el grado de deterioro que va alejando a la persona cada vez más de su entorno y
de la realidad. Lentamente, la conciencia del yo se va deslizando hasta caer en
un limbo, desconectando de los demás. Conocer en profundidad algunos casos suscita
grandes cuestiones; no todas llegan a obtener respuesta.
Esta enfermedad genera una gran inquietud interna y mucho
sufrimiento a los cuidadores, sin que sea consciente de ello el que la padece.
Es como si se levantara un muro entre el cuidador y el «paciente». La
incomunicación pesa y dificulta la relación entre ambos.
En algunos casos, incluso puede darse violencia del enfermo
hacia el cuidador, llevándolo a situaciones límite de gran estrés emocional. El
cuidador se siente impotente y necesitará consultar a profesionales que le
ayuden a gestionar esta difícil situación. Manejar la dependencia de un ser
querido es una auténtica gesta marcada por altibajos que van debilitando
psíquicamente al cuidador. Los vínculos afectivos y emocionales se van
empobreciendo; el enfermo es incapaz de mantener una relación equilibrada y
armónica. No responde ante los estímulos. Poco a poco, en función de la gravedad
de la dolencia y del tiempo que pasa, se irá dando una desconexión total.
El mundo, las relaciones, todo desaparece de su mente. Vive
en un vacío, en una laguna neuronal. Se ha apeado de la realidad. Su cuerpo
está aquí, ahora. ¿Dónde ha ido a parar su mente?
Cuánta heroicidad hay en muchas personas que lo viven en su
familia. De una historia amorosa inicial han pasado a la ausencia de aquel que
fue parte de su proyecto vital. El que padece la enfermedad no sabe a quién
tiene delante, pero el que lo cuida, marido o mujer, hijo o hija, sabe bien qué
lazos los unen, por eso hace lo que puede para seguir mostrándole cariño como
respuesta al amor recibido.
Es entonces cuando el amor está tan maduro que ya no espera
respuesta afectiva del otro, incapaz de establecer una relación consciente. Es
una auténtica gesta de amor incondicional, de un valor extraordinario.
Aprender a cuidarse desde el inicio de la relación es
fundamental. Si dos cónyuges se acostumbran a tener cuidado el uno del otro,
desde jóvenes, cuando llegue la enfermedad ya no se convertirá en una carga tan
pesada.
Origen y prevención
No dejo de preguntarme dónde puede estar el origen del
Alzheimer y qué se puede hacer para evitar esta enfermedad. ¿Se puede prevenir,
en la medida de lo posible? Algunos neurólogos
sostienen que tiene un origen genético y familiar; por tanto, es muy difícil de
evitar. Pero las investigaciones más recientes revelan que, aunque haya una
tendencia familiar, se podría evitar o minimizar si se tomaran decisiones
adecuadas en cuanto a hábitos de vida y alimentación. Es importante, también,
hacer ejercicio físico y mantener unas relaciones sanas con los demás,
implicándose en un proyecto vital que nos ayude a crecer como personas. Todo
esto son factores que pueden incidir en una mejora de la actividad neuronal.
Además de una buena dieta, se puede tomar una adecuada suplementación que ayude
a mantener sano el sistema vascular cerebral, así como las conexiones entre
neuronas.
Otros médicos e investigadores opinan que el impacto de
ciertas experiencias, sobre todo durante la infancia y la adolescencia,
producen bloqueos muy potentes que causan un trauma psíquico y emocional. Con
el tiempo, este impacto puede afectar la actividad neuronal. Evidentemente, el
efecto no será inmediato, sino que aparecerá mucho más tarde. Una persona que
desde niño no ha podido asumir ciertas vivencias negativas,
sobre todo durante su desarrollo, puede manifestar diferentes patologías, una
de ellas el Alzheimer.
Otra explicación puede ser el constante estrés al que
estamos sometidos: preocupaciones, tensión en casa, fracasos, pérdida de
empoderamiento, depresiones, todo esto puede ser causa de un shock existencial.
El ADN de nuestras células recibe el impacto y puede producir enfermedades a
largo plazo.
A los cuidadores
Con este escrito quiero reconocer al enorme ejército de
personas buenas, entregadas y generosas, que desde la discreción de su hogar
están humanizando la sociedad. Un enfermo de Alzheimer puede perder la
consciencia, pero no su identidad. Hasta el último momento, un ser humano es
algo más que materia gris: es un alma creada que, aunque se halle perdida en
esta estación de la vida, no corre hacia la nada. Su destino no es el vacío. No
sabemos qué ocurre en su mente, pero sí sabemos que la meta final será un
reencuentro con Aquel que inició su proyecto de vida. El materialismo
científico no agota la realidad misteriosa que envuelve al ser humano.
En última instancia, para mí Dios nos entrega una nueva
experiencia. El alma es una energía que nunca se agota.
Animo a todos aquellos que estáis volcados en esta dura y
hermosa labor a que intentéis hacer un cielo en medio de este combate. Ellos se
lo merecen por todo lo que os han dado.
domingo, 30 de julio de 2023
Cabalgar sobre la mentira
La mentira como defensa
Ante la complejidad del ser humano y su entorno, la mentira
aparece como un mecanismo inconsciente de defensa o huida. Mirarnos en el
espejo de la verdad nos da pánico, porque descubrimos en ella lo que realmente
somos: personas contradictorias, ambiguas y llenas de fragilidades. Tememos la
verdad porque nos sentimos desnudos e inseguros. Aunque aparentemos seguridad y
coherencia, nos da miedo ser descubiertos tal y como somos.
De aquí vienen ciertos comportamientos que muchas veces no
podemos controlar. Entre la realidad que queremos esconder y lo que mostramos,
nuestra personalidad se va fragmentando de tal manera que a veces no llegamos a
distinguir la verdad de la mentira. La frontera entre ficción y realidad se
diluye y mentir llega a hacerse tan natural que uno acaba perdiendo el control.
Es entonces cuando los demás se percatan y las mentiras se hacen más visibles.
Una enfermedad del alma
El mitómano es aquel que ha convertido la mentira en el eje
de su vida, llegando a la patología. Vive fuera de la realidad y de la verdad,
dos conceptos que, desde un punto de vista moral, sustentan la integridad de la
persona.
¿Qué razones psicológicas hay detrás de alguien que
constantemente está mintiendo? Tal vez le ha faltado una educación moral que le
ayudara a distinguir lo falso de lo verdadero. Quizás sea una tendencia a
mentir por miedo a recibir reprimendas o castigos en su infancia; una excesiva
severidad de los padres o simplemente la fragilidad de un niño temeroso. Lo
cierto es que, si un niño aprende a mentir, de joven y de adulto lo seguirá
haciendo.
La mentira genera adicción. El adulto que ha integrado el
hábito de mentir inevitablemente va a provocar conflictos en su entorno y en
las relaciones humanas que entable. Cuando las mentiras son tan evidentes que
sus interlocutores se dan cuenta, surgirá la desconfianza, incluso entre las
personas que más quiere. Y es que el mentiroso compulsivo arroja dudas sobre sí
mismo.
La pregunta más aguda que me surge es: ¿qué está intentando
tapar de su realidad? ¿Qué aspecto de su vida quiere ocultar? ¿Por qué necesita
mentir tanto? ¿Es la ficción un muro para no mostrar su verdadera personalidad?
Resolver esta situación necesita de una acción terapéutica que
ponga a la persona cara a cara con su realidad. Por muy pobre y mísera que se
sienta, moralmente hablando, siempre será mejor la verdad que una mentira que la
va destruyendo por dentro. Cabalgar sobre ella es lanzarse hacia el abismo. Se
irá vaciando hasta llegar a somatizar el problema con dolencias físicas. Huir
de la verdad es vivir en constante tensión, porque la naturaleza humana tiene
una brújula interior que señala siempre la verdad como valor instintivo. Cuando
uno va en dirección contraria a su GPS interno, que señala la vía de la bondad,
la belleza y la verdad, se dirige hacia la maldad, la fealdad y la mentira. Es
un camino destructivo que rompe por dentro ocasionando problemas de identidad y
una crisis moral.
La verdad es liberación
La verdad actúa como un foco que ilumina la existencia. La
mentira es un agujero negro que fagotiza a la persona quitándole el don más
valioso: la libertad.
La verdad os hará libres, dice Jesús. La verdad nos permite
encontrarnos a nosotros mismos y reconciliarnos con nuestro ser. Aceptando
nuestra realidad podemos mejorar. La verdad, por dura que sea, es el primer
paso hacia la sanación interior. Y es el camino que nos llevará a la auténtica
felicidad.
domingo, 23 de julio de 2023
Saborear el silencio
Pero constato que para fortalecer mis principios cada año es
necesario pasar no unas horas, sino unos días de silencio. Ese espacio me
permite ahondar en mi vocación más genuina y en aquello que define mi identidad
y misión en el mundo. Por eso hago un esfuerzo en parar. En ese paréntesis,
reviso, planeo y organizo todo lo que hago con el fin de mejorarlo, si cabe, ya
que buscar la mejora continua forma parte del crecimiento humano y espiritual
del hombre.
Sin este oasis interior el hombre se aparta de su propia naturaleza.
Sin ese silencio que ayuda a orientar nuestra vida perdemos el norte y hasta
nuestra identidad.
Nacidos para la vida interior
El silencio forma parte de nuestra realidad más primigenia.
Somos y estamos concebidos para la interioridad: es decir, pasar un tiempo a
solas, sin prisas, susurrando al corazón y meditando sobre los aspectos más
vitales de nuestra existencia. Necesitamos, aunque no seamos conscientes de
ello, estar a solas con Dios, que es principio y fin de nuestra realidad. Él,
de manera misteriosa, nos envuelve, dando sentido a lo que somos.
Todos anhelamos pasar momentos de abandono en manos de Dios,
y más aún en medio de una lucha sin tregua en el mundo. Respirar al unísono con
Dios, de manera sosegada, es la clave para encontrar la paz y la fuerza que nos
mantendrá de pie en el combate diario. Ahondar en el misterio del hombre y su
creador forma parte de esa búsqueda que, de manera innata, nos empuja a
encontrar razones para vivir. Y las encontramos en nuestra misión.
Todos estamos llamados a adentrarnos en nuestro bosque
interior y respirar la brisa del silencio antes de emprender el camino hacia la
cumbre de la vida, donde nos dejaremos cubrir por el abrazo de un Dios Padre que
ha hecho posible nuestra existencia con el fin de que seamos felices. Seremos
capaces de alcanzar esta felicidad si nos remitimos a Aquel que es su fuente,
cuando se dé una profunda e intensa comunión con él.
El silencio terapéutico
Estos días he tenido la oportunidad de ir a un lugar en
plena naturaleza. He vuelto a sentirme en medio del silencio, sin hacer nada,
sólo caminar atento a las maravillas del entorno, un derroche constante de
belleza. Sólo estar y rezar. Rezar y estar para escuchar el sonido del
silencio. Allí, envuelto de tanta belleza, me doy cuenta de que, además de la
contaminación ambiental, existe otro tipo de contaminación: la acústica. Desde
el silencio y la soledad descubro que el ruido forma parte de uno mismo, e
incluso nos acostumbramos. Pero el exceso de ruido no es propio de la
naturaleza humana. En una sociedad donde ciertos trabajos o actividades generan
ruidos estridentes, soy consciente de que muchas veces no se pueden evitar,
pero este machaqueo constante puede generar patologías físicas y neurológicas,
pues impide un buen descanso. Descansar forma parte de nuestra salud y el ruido
urbano, desde el tránsito hasta ciertas músicas, golpea nuestra psique.
Pero hay otro tipo de ruidos, los ruidos que yo llamaría
emocionales, esos que salen de nuestro interior. Estos ruidos paralizan y nos
quitan vitalidad y fuerza. Por eso, más allá del valor espiritual, el silencio
es un recurso terapéutico para no perderse en el laberinto de las emociones y
paradojas humanas. Adquirir este hábito es prevenir una vida vacía, donde la
gente deambula sin metas.
En medio de la Creación
Estos días, en un valle bañado por un pequeño río, he
disfrutado, no haciendo cosas, sino dejándome llevar por mi viento interior,
acariciado por esa misteriosa presencia que me acompaña con los primeros rayos
de sol cuando despunta en el horizonte. He disfrutado de sonidos que no
molestan: el viento y el cantar del agua; los pájaros al amanecer, que trinan
revoloteando entre las copas de los árboles. Esto no es ruido, es música que
alegra el oído y el corazón.
Paseando en silencio me he sentido parte de la Creación y he
descubierto una vez más mi indigencia ante Dios. Todo depende de él y veo su
mano creadora cada mañana, tiñendo de matices diferentes cada amanecer.
Os invito, aunque sea a sorbitos, a que allí donde estéis,
también en la ciudad, sintáis que vuestra persona puede convertirse en un
pequeño monasterio, un jardín interior que también forma parte de esta hermosa
creación de Dios. Él os ama y sólo desea que tengáis esta certeza. Será
entonces cuando se produzca la fusión con su realidad trascendente, que tanto
anhelamos y buscamos desde nuestra concepción.
Mañana, tarde, noche. En medio de una catarata de silencios
enriquecida por una explosión de colores bellísimos, el hombre se encuentra a
sí mismo.
* * *
Si os apetece escucharlo, podéis clicar este enlace de audio.
domingo, 9 de julio de 2023
La alegría de dar
El sol luce en sus ojos: es una mujer menudita y ágil, de sonrisa contagiosa. Tiene noventa años y se llama Rosa. Aunque su aspecto es frágil, la expresión de su cara revela una enorme vitalidad. Su mirada transmite vida y alegría.
Me deja pensativo. Una señora de esa edad, que ha pasado por
situaciones complejas y difíciles, que seguramente pueden haber afectado a su
salud, podría tener motivos suficientes para quejarse de la vida. Cuando las
fuerzas van flaqueando o se sufre alguna enfermedad, casi todo el mundo decae y
también se apaga la alegría. Pero ella, en esta mañana luminosa, está ahí,
tirando de su carro, tan fresca como una flor con su mirada pilla y su sonrisa
amable. Hablando con ella descubro, más allá de un carácter abierto y
comunicativo, unos profundos valores humanos.
Le comento que la encuentro muy bien, como preguntándome el
secreto de tanta vivacidad, y me contesta que para ella dar es una alegría. Va
acompañada de una gran amiga, Ana, con la que suele pasear. Se conocen desde
hace 50 años; todo empezó en la habitación de un hospital, donde Ana era enfermera
y cuidadora de la madre de Rosa. Su atención y su trato hacia ella eran
exquisitos. Desde entonces se fraguó una gran amistad, que ni el tiempo ni las
dificultades han podido romper.
Dos ancianas viudas, cuidando una de la otra, acompañándose
durante largo tiempo: un bello canto a la amistad. Las dos han sido capaces de
luchar contra todo tipo de barreras y son un ejemplo de amor y de solidaridad.
Veo sus rostros arrugados, pero adivino en ellas dos almas
jóvenes y tersas. El tiempo ha envejecido su piel, pero la frescura de su corazón
pervive. Sonríen como las adolescentes que fueron, sólo que ahora, con la
experiencia que tienen, saben mucho más. Han elegido el camino de la
generosidad: dar y darse, desafiando el tiempo y manteniendo el vigor de la
amistad.
Rosa es delgadita y de aspecto vivaz. Sabe cuidarse, lleva una dieta muy equilibrada, empezando el día con un buen batido de frutas. Prepara comida para sus nietos, regala platos cocinados por ella a familiares y vecinos. Dice que tiene la nevera llena... ¡para alimentar a otros! No le importa: vaciando su nevera llena su corazón.
En ella he encontrado un alma rebosante de belleza y fuerza amorosa. Salir a pasear y hablar con la gente me permite descubrir estas perlas en el corazón de las personas. ¡Cuánta gente buena hay que, desde su anonimato, sabe estar presente en la noche de quienes necesitan ayuda y calor! Ellas, que están en el otoño de la vida, llevan la primavera en su interior. Su presencia se convierte en un regalo, brisa para el alma y bálsamo dulce en el bregar cotidiano. La amistad es un néctar que baña estas historias desconocidas en medio de la gran ciudad. Encontrarme con ellas es beber un sorbo de humanidad y escuchar un canto de esperanza. A veces, en medio de la oscuridad, aparece un destello luminoso. Personas como Rosa y Ana son estrellas que iluminan el gélido firmamento de una sociedad que vive en la penumbra, alejada de la luz. A pesar de tantas tragedias, en el corazón humano hay mucha luz y un enorme caudal de bondad.





.jpg)
